El uso excesivo de pantallas en la infancia genera aumentos de ansiedad: cómo sobrellevarlo
Desde la infancia, el uso elevado de dispositivos con pantallas tales como tablets, celulares, computadoras, se ha convertido en algo habitual.
Especialistas advierten que el elevado consumo de dispositivos por parte de niños y adolescentes, una tendencia que se intensificó tras la pandemia, puede propiciar mayor ansiedad, dificultades en la concentración y alteraciones en el desarrollo emocional.
Desde la infancia, el uso elevado de dispositivos con pantallas —tablets, celulares, computadoras— se ha convertido en algo habitual. Pero esta proliferación también empieza a mostrar efectos adversos: los niños están presentando niveles más altos de ansiedad, dificultades para esperar, para lidiar con la frustración, y menor capacidad para mantener la atención.
Los expertos destacan que “a partir de la pandemia, la pantalla se hizo un instrumento imprescindible, pero tiene sus consecuencias negativas”.
Principales puntos de preocupación
Distorsión del tiempo y el espacio: Las pantallas ofrecen estímulos rápidos, de alta intensidad, lo cual entrenaría al cerebro de los más chicos a periodos breves de atención y respuesta inmediata.
Pérdida de experiencias interpersonales: El contacto humano, el juego compartido, la espera y el aprendizaje a través de la interacción real se reducen, lo que puede afectar habilidades sociales y emocionales.
Desafíos en el desarrollo intelectual: Se advierte que niños con mucho uso de pantallas pueden tener “capacidad más limitada a la hora de llegar a pensamientos y aprendizajes abstractos”.
Regulación emocional comprometida: En consultas psicológicas se observa un aumento de chicos que tienen dificultad para regular sus emociones, para expresarlas con lenguaje y para aprender.
¿Qué recomiendan los especialistas?
Establecer desde edades tempranas límites claros para el uso de pantallas. Aunque pueden introducirse desde los 2 años, no deben estar bajo criterio libre del niño.
Favorecer actividades de “tiempo de calidad” sin pantallas: juegos de mesa, interacción familiar, momentos de espera y de calma para que el niño desarrolle otras habilidades.
Implementar control parental: por ejemplo, que los padres tienen las claves, que los dispositivos se cierren luego de un tiempo, y que haya reglas claras para el uso.
Fomentar la comunicación en la familia: que el niño se sienta con confianza para contar si ocurre algo online que le incomoda, y que se conozcan los contactos que gestiona.
En un mundo digital cada vez más presente, el desafío es encontrar el equilibrio. No se trata de demonizar las pantallas, sino de usarlas con conciencia, especialmente en la infancia. Limitar su uso, fomentar la interacción humana, la espera y el juego real contribuye a que los niños desarrollen atención, regulación emocional y resiliencia. Así, garantizamos no sólo divertirse, sino crecer con fondo, no solo forma.

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