Síndrome de Fortunata: por qué algunas personas se enamoran de quienes ya tienen pareja
La psicología describe este patrón como un vínculo marcado por la dependencia emocional, la idealización y la repetición de experiencias afectivas no resueltas de la infancia.
El llamado síndrome de Fortunata toma su nombre de la novela Fortunata y Jacinta, escrita por Benito Pérez Galdós, y se utiliza en psicología para describir un patrón relacional que puede presentarse tanto en hombres como en mujeres: el enamoramiento persistente de personas casadas, comprometidas o emocionalmente no disponibles.
En la obra, Fortunata mantiene una relación secreta con Juan Santa Cruz, un hombre casado, y sostiene durante años la ilusión de que él dejará a su esposa para estar con ella. Esa lógica —amar desde la espera, la falta y la invisibilización— es la que hoy permite a los especialistas explicar este tipo de vínculos.
Según la psicóloga Victoria Almiroty, el eje no está en el triángulo amoroso sino en la estructura psíquica que sostiene ese lugar: “No se idealiza a la persona, sino al espacio que representa. El rol de amante encarna un deseo sin rutina ni compromiso cotidiano, pero también sin reconocimiento pleno”.
Desde la psicología, estos vínculos suelen asociarse más a la búsqueda de validación y exclusividad simbólica que al amor en sí. En esa línea, Almiroty retoma una idea del médico y terapeuta Gabor Maté: no se repite lo que fue placentero, sino lo que fue familiar, incluso cuando ese lugar fue el del segundo plano.
Patrones frecuentes en el síndrome de Fortunata
Los especialistas identifican una serie de factores que suelen repetirse en quienes se vinculan afectivamente con personas no disponibles:
/https://radiorafaelacdn.eleco.com.ar/media/2026/01/sindrome_de_fortunata_por_que_algunas_personas_se_enamoran_de_quienes_ya_tienen_pareja.jpeg)
Vínculos familiares disfuncionales.
Desde el psicoanálisis, Sigmund Freud hablaba de “repetir en lugar de recordar”. Muchas elecciones amorosas adultas funcionan como una reedición de infancias donde el afecto fue intermitente, condicionado o inaccesible, como ocurre con figuras parentales ausentes o emocionalmente distantes.
Autoestima deteriorada.
La dificultad para sentirse merecedor de un vínculo pleno lleva a aceptar relaciones ocultas, desiguales o sostenidas en la espera. La validación se busca en la competencia con la pareja “oficial”, más que en un deseo propio.
Ilusión de control.
En algunos casos aparece la fantasía de tener poder sobre el vínculo: creer que se es el verdadero objeto de amor y que la pareja formal ocupa un lugar ingenuo o secundario.
Competencia afectiva.
No se trata tanto de amar a alguien en particular, sino de “ganárselo” frente a un tercero, reproduciendo dinámicas tempranas de rivalidad por el amor de los padres.
Victimización.
El rol de quien sufre y se queja también puede generar un beneficio psíquico. Algunos estudios señalan que este lugar activa mecanismos de recompensa emocional, aun cuando el vínculo resulte doloroso.
Atracción por lo prohibido.
La transgresión potencia el deseo. Desde la teoría de Jacques Lacan, lo prohibido se vuelve más deseable justamente porque pertenece al otro.
¿Se pueden modificar estos vínculos?
Las especialistas coinciden en que el primer paso es no moralizar la situación. Comprender qué se busca en ese tipo de relaciones permite identificar el patrón que se repite y comenzar a correrse de él.

El trabajo terapéutico —ya sea desde el psicoanálisis u otras corrientes— apunta a hacer consciente la estructura emocional que sostiene el vínculo, para poder elegir desde un lugar diferente. “Nombrar el goce que se repite es el inicio del cambio”, señalan.

/https://radiorafaelacdn.eleco.com.ar/media/2026/01/sindrome_de_fortunata_por_que_algunas_personas_se_enamoran_de_quienes_ya_tienen_pareja_1.jpeg)
Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión